Vertigo 1958
Hitchcock

El Juego
Te levantas en un juego de póquer. Las cartas ya están repartidas. Los jugadores tienen aquella mirada de alguien que sabe qué ocurre. Tú, en cambio, acabas de aparecer en una silla.
Al frente tuyo cinco cartas te esperan boca abajo.
Todos ríen y te miran como si llevaras mucho tiempo allí sentado.
El dealer parece esperar algo de ti.
Miras alrededor, vacío. Quizás viste varios ojos al fondo, pero no estás seguro.
Te piden que apuestes. No sabes qué está en juego.
Dos sujetos en el fondo de la mesa susurran algo. No logras captar lo que dicen, pero hablan de ti.
Tu encendedor está sobre la mesa.
¿Qué apostamos? –Preguntas intentando mostrar seguridad-
Al frente tienes unas pocas fichas de diferentes colores. Levantas una, pesa lo que pesa una vida.
Las fichas están llenas de mensajes microscópicos que no alcanzas a leer, pero que reconoces sólo con verlos. Es tu letra, son tus viajes, sensaciones, caminos, dolores…
Notas que alrededor de la mesa otros jugadores también tienen fichas con tu letra.
Levantas las cartas. Están en blanco.
¿Siente usted miedo? –Te increpa una figura redonda sin rostro-.
El dealer enciende un cigarrillo, da una bocanada profunda y lo apaga sobre la piel de la mesa.
Miedo no, sólo que mis cartas están en blanco -Respondes titubeando-.
La única forma de no perder es apostando. ¿Acaso ya vio usted nuestras cartas? –Grita la figura de una mujer-.
No eres capaz de apostar. Hay mucho en juego.
¿Es usted cobarde? –Contrataca la figura de mujer-
Sí –Respondes sin dudar-
JD


Vertigo 1958

Hitchcock

El Juego

Te levantas en un juego de póquer. Las cartas ya están repartidas. Los jugadores tienen aquella mirada de alguien que sabe qué ocurre. Tú, en cambio, acabas de aparecer en una silla.

Al frente tuyo cinco cartas te esperan boca abajo.

Todos ríen y te miran como si llevaras mucho tiempo allí sentado.

El dealer parece esperar algo de ti.

Miras alrededor, vacío. Quizás viste varios ojos al fondo, pero no estás seguro.

Te piden que apuestes. No sabes qué está en juego.

Dos sujetos en el fondo de la mesa susurran algo. No logras captar lo que dicen, pero hablan de ti.

Tu encendedor está sobre la mesa.

¿Qué apostamos? –Preguntas intentando mostrar seguridad-

Al frente tienes unas pocas fichas de diferentes colores. Levantas una, pesa lo que pesa una vida.

Las fichas están llenas de mensajes microscópicos que no alcanzas a leer, pero que reconoces sólo con verlos. Es tu letra, son tus viajes, sensaciones, caminos, dolores…

Notas que alrededor de la mesa otros jugadores también tienen fichas con tu letra.

Levantas las cartas. Están en blanco.

¿Siente usted miedo? –Te increpa una figura redonda sin rostro-.

El dealer enciende un cigarrillo, da una bocanada profunda y lo apaga sobre la piel de la mesa.

Miedo no, sólo que mis cartas están en blanco -Respondes titubeando-.

La única forma de no perder es apostando. ¿Acaso ya vio usted nuestras cartas? –Grita la figura de una mujer-.

No eres capaz de apostar. Hay mucho en juego.

¿Es usted cobarde? –Contrataca la figura de mujer-

Sí –Respondes sin dudar-

JD

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